De la prevención a la acción: la evolución que necesita el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas

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Por Jaime López Pinzón[1]

El pasado miércoles 16 de octubre en la sección de opinión del periódico La República el columnista Eric Tremolada escribió acerca del “Doble rasero de la comunidad internacional” refiriéndose a las distintas propuestas para reformar el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas.

Tremolada resalta que existen varias propuestas sobre la mesa que oscilan entre reformas drásticas, a título de ejemplo organizaciones alternativas, y las menos drásticas como las referentes al número de miembros permanentes del Consejo de Seguridad. Para el columnista, la mejor propuesta es la que proviene del jefe de la diplomacia francesa, Laurent Fabius, que consiste en que los miembros del Consejo de Seguridad renuncien al derecho de veto cuando se trate de temas de “crímenes de masa”. Es la mejor propuesta, entre otras cosas, ya que proviene de uno de los miembros permanentes. En adición, opina que “La incorporación de otros países como miembros del Consejo de Seguridad, no cambiaría nada”.

Coincido con la opinión del columnista por razones históricas, prácticas y de actualidad. En efecto, un cambio en la mera estructura del Consejo de Seguridad, esto es incrementar el número de países como miembros permanentes, no lograría nada e incluso haría más difícil y engorroso la toma de decisión. En esta línea, resulta llamativa la decisión de Arabia Saudita de renunciar, el pasado 18 de octubre, a ocupar su asiento temporal que le correspondía en el Consejo de Seguridad, como un acto de protesta ante la ineficacia del Consejo en situación dramáticas como la de Siria.

Cuando me refiero a las razones históricas me gustaría resaltar los orígenes de la Organización de las Naciones Unidas. La ONU, como es bien conocido, surge después de la segunda guerra mundial como una respuesta a la misma. Es decir, la ONU nace para asegurar al mundo que dicha organización tomará todas las medidas posibles para prevenir que la humanidad incurra en una guerra tan atroz como la que acababa de terminar, tal como está estipulado en el preámbulo de la Carta de Naciones Unidas.

En este sentido, la ONU nace, principalmente, para prevenir la guerra entre los Estados. Es una Carta pensada para un mundo en donde las maquinarias militares de los Estados son la principal amenaza. Es un mundo que necesita contener el conflicto entre los dos bloques militares más poderosos, Estados Unidos y la Unión Soviética. En dicho escenario, el Consejo de Seguridad es muy efectivo ya que su juego político e incluso su lento proceder permiten dilatar y enfriar todos los momentos de tensión que se dan entre estas potencias. Así, el Consejo de Seguridad es principalmente, un escenario diplomático y político donde los bloques militares del mundo se enfrentan pero con sus votos y vetos. Un escenario propicio para la realidad de entonces.

No obstante, con el fin de la Guerra Fría, el escenario mundial cambió. Por ejemplo, se reconoce la influencia de una multiplicidad de actores, aparte del Estado, y el cambio de la agenda internacional para incluir en ella la defensa de los Derechos Humanos y la protección del medio ambiente. Inmediatamente, saltan a la vista los retos que generan las crisis humanitarias. Ya la principal amenaza no proviene de la posible guerra entre dos o varios Estados sino de la relación interna de los Estados con su población. Se trata de un tema humanitario o de los “crímenes de masa” mencionado por el diplomático francés Laurent Fabius. De hecho, la reciente crisis en Siria derivó en una resolución del Consejo de Seguridad según la cual el uso de las armas químicas constituye en sí mismo un acto que amenaza la paz mundial y daría lugar a la activación del Capítulo VII de la Carta de San Francisco.

Por otro lado, en cuanto a un tema de economía procesal, un tema práctico, entre más se requiere para tomar una decisión será más difícil y demorado tomarla. Esta es una lección que nos deja nuestra excesiva burocracia y lo lento que ella se vuelve a la hora de tomar decisiones urgentes. No obstante, reconozco que el número de países con asiento permanente en el Consejo de Seguridad no solo se trata sobre tomar decisiones ágilmente sino también de reflejar la realidad internacional actual y el tema de representación. La realidad internacional actual llama la atención sobre el surgimiento de nuevas potencias económicas y regionales como es el caso de India y Brasil. Y en cuanto al tema de representación, hoy en día las Naciones Unidas han incrementado el número de sus miembros de forma exponencial comparada al número de miembros desde su inicio. Sin embargo, hoy la exigencia principal de la comunidad internacional no es la representatividad o el desconocimiento de los intereses de las nuevas potencias, sino las situaciones humanitarias que exigen una pronta y rápida solución.

En nuestros días, la indignación que se manifiesta en del mundo tiene que ver principalmente con las muertes de población personas inocentes, población vulnerable, adultos mayores y niños. Lo que se reclama es una acción pronta y directa para detener masacres. En estas situaciones es donde queda en evidencia la urgencia de un cambio en el Consejo de Seguridad. Un cambio no en la cantidad de quienes toman las decisiones sino un cambio en la manera en que las toman, ya que estamos pasando de una lógica de prevención a una lógica de acción. Es decir, históricamente la ONU cumplía un papel predominantemente enfocada a la prevención, y es necesario que lo siga haciendo, pero las reformas le deben de permitir mayor agilidad ya que lo que se busca en las situaciones de crisis humanitarias es la acción pronta y oportuna que ponga fin por lo menos a las matanzas.

En conclusión, coincido con la opinión del columnista Eric Tremolada sin dejar de advertir que el tema puede estar abierto a discusión. Así como los grandes líderes del mundo son responsables por las decisiones que toman, la población mundial se vuelve responsable de lo que calla. Los invito a opinar.


[1] Internacionalista y estudiante de Derecho de la Universidad del Rosario. Delegado de la Universidad en Modelos de Naciones Unidas a nivel nacional e internacional y también he sido director de modelos a nivel nacional. 

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