Los (lamentables) nuevos guardianes de los derechos humanos en la ONU

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Por: Julián Huertas Cárdenas, miembro de ACEDI – CILSA. @JulianHuertas_C

Guillermo Fariñas, uno de los más conocidos contradictores del régimen cubano y ganador del Premio Sájarov para la Libertad de la Conciencia del Parlamento Europeo en 2010, fue atacado a inicios de noviembre de este año cuando se disponía registrar una queja contra el arresto de 30 integrantes de las Damas de Blanco[1], un movimiento ciudadano que agrupa a esposas y familiares de presos políticos en Cuba. Con frecuencia, casos semejantes son denunciados por numerosas organizaciones de derechos humanos. Pero la represión y la violación de derechos civiles fundamentales no es patrimonio exclusivo de este Gobierno caribeño. Los Gobiernos de China, Rusia y Vietnam[2] también ejercen un férreo control sobre las libertades de sus ciudadanos y sobre cualquier asomo de disidencia. Por su parte, Arabia Saudita es conocida por los pocos –y restringidos- derechos de los cuales gozan las mujeres (solo hasta 2011 reconoció a las mujeres el derecho al sufragio y en las últimas semanas se ha presentado un movimiento femenino por el “derecho a conducir”).

Las denuncias en estos países son tan recurrentes, y con tan pocas consecuencias, que muchas ONGs de derechos humanos parecen resignadas a gritar y acusar sin esperar cambio alguno. Sin embargo, sí ha habido un cambio, pero no a favor de los ciudadanos de estos países. En una de esas decisiones que desprestigian al derecho internacional y a la ONU, la Asamblea General premió a Cuba, China, Rusia, Vietnam, Arabia Saudita (junto con otros nueve Estados) eligiéndolos como miembros del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas (UNHRC). Junto a los demás miembros del Consejo de Derechos Humanos -47 en total- los nuevos integrantes tendrán la misión de “promover el respeto universal por la protección de todos los derechos humanos y libertades fundamentales de todas las personas, sin distinción de ningún tipo y de una manera justa y equitativa”[3], una tarea para la cual no parecen calificados.

Si bien ningún país puede jactarse de cumplir en forma absoluta los derechos humanos, pues ello significaría un control perfecto de todas las situaciones sociales, ¿cómo es posible que Naciones Unidas escoja para este organismo a Estados cuyas políticas apuntan deliberadamente al desconocimiento de las libertades más elementales? Es pretender que el ratón cuide el queso, con el agravante de que se envía un mensaje inconveniente a otros ratones no muy amantes de los derechos humanos.

La historia se repite

Lo más paradójico es que el Consejo de Derechos Humanos fue establecido en 2006 para sustituir a la desprestigiada Comisión de Derechos Humanos, creada desde 1946. La Asamblea General decidió eliminar la Comisión a partir del Informe del Grupo de Alto Nivel sobre las amenazas, los desafíos y el cambio, presentado en diciembre del 2004, y elaborado por una comisión nombrada por Kofi Annan, Secretario General de la ONU en ese momento[4]. En el diplomático lenguaje de Naciones Unidas, dichas amenazas y desafíos de la Comisión deben entenderse como la ineficiencia, politización y falta de credibilidad en las que cayó este organismo.

Durante sus 60 años de existencia, la Comisión de Derechos Humanos fue víctima de los acuerdos políticos al interior de la Asamblea General que la llevaron a tener como integrantes a Estados que violaban sistemáticamente los derechos de sus propios ciudadanos o, por lo menos, tenían pésima reputación en esta materia. En el Informe del Grupo de Alto Nivel se refleja esta situación de poca credibilidad: “No es posible que Estados que carecen de un compromiso demostrado con la promoción y la protección de los derechos humanos procedan a establecer normas para afianzarlos. Nos preocupa observar que en los últimos años ha habido Estados que se han hecho partes en la Comisión no para afianzar los derechos humanos sino para protegerse contra críticas o para criticar a otros”[5], se lee en el número 283.

De esta manera, y a partir de las recomendaciones de mencionado Informe, la  Asamblea General decidió reemplazar la Comisión de Derechos Humanos por el Consejo. Con el nuevo organismo se quiso generar una forma de sana competencia entre los Estados para ser merecedores de asientos en el UNHRC. No solo se trataba de generar un mejor esquema de funcionamiento para la promoción y protección de los derechos humanos, sino también de enviar un mensaje según el cual los miembros de Naciones Unidas serían vigilados por un organismo compuesto por Estados acreditados como cumplidores en (o al menos comprometidos con) la defensa de los derechos humanos.

La elección de los cinco nuevos miembros del UNHRC se explica por la misma relación de poder en la Asamblea General. Durante la existencia de la Comisión de Derechos Humanos y luego, con el nuevo Consejo, han sido frecuentes las críticas de imparcialidad y selectividad política de Estados en el seguimiento de los compromisos en materia de derechos humanos. Por ejemplo, un año después de creado el UNHRC, el Secretario General Ban Ki Moon criticó la marcada fijación del Consejo con Israel en el conflicto árabe-israelí. Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea también son escépticos frente a la imparcialidad del Consejo de Derechos Humanos.

Comisión, Consejo… ¿vendrá un nuevo nombre?

En la prensa internacional ya puede sentirse el malestar causado con los nuevos miembros del Consejo y el análisis de del Informe del Grupo de Alto Nivel sobre las amenazas, los desafíos y el cambio aparece como un documento plenamente vigente y aplicable al UNHRC de hoy. Todo indica que el cambio de la Comisión al Consejo fue solo un retoque cosmético, superficial, que no abordó el problema de fondo.

Es difícil entender que mientras las violaciones a las libertades básicas en Cuba son premiadas con un asiento en el UNHRC, los esfuerzos (aunque imperfectos) del Estado colombiano son “castigados” con la presencia de la Oficina para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Colombia, lo que en realidad viene a ser un beneficio en un país tan convulsionado como el nuestro. No obstante, aun cuando Colombia tiene mucho camino por recorrer en esta materia, sería conveniente observar un trato igualitario a los Estados en esta materia. En julio de 2013, el presidente Juan Manuel Santos expresó que “la necesidad de tener una oficina de las Naciones Unidas para los derechos humanos ha venido desapareciendo. Voy a decirle a la alta comisionada para los Derechos Humanos, Navi Pillay, que estamos discutiendo si en realidad vale la pena prolongar este mandato y si se prolonga sería por muy corto tiempo”[6].

Aunque la Oficina para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Colombia permanecerá por el tiempo previsto, es evidente que el sistema de protección de derechos humanos de la ONU pierde credibilidad con los nuevos miembros del Consejo. Y si nos guiamos por la historia reciente y la lógica de la Asamblea General, es de esperar un nuevo nombre para este organismo (como gran solución), mientras que la respuesta real al sistema de promoción de derechos humanos permanece atrapada en una maraña de juegos diplomáticos. Ahora bien, el hecho de eludir una solución real solo terminará afectando a los ciudadanos de los países en los que las libertades civiles siguen siendo un asunto meramente político y no un imperativo de la dignidad humana protegido por el derecho internacional. Nuevamente, Naciones Unidas queda en deuda.


[2] Diario ABC. Vietnam aumentó la violación de derechos humanos en 2012, según Human Rights Watch (HRW): http://www.abc.es/agencias/noticia.asp?noticia=1344542

[3] Resolución de la Asamblea General 60/251 por la cual se crea el Consejo de Derechos Humanos (2006). A/RES/60/251: http://daccess-dds-ny.un.org/doc/UNDOC/GEN/N05/502/69/PDF/N0550269.pdf?OpenElement

[4] Morton H. Halperin,  Diane F. Orentlicher El Nuevo Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas. Disponible en http://www.corteidh.or.cr/tablas/R21387.pdf

[5] Informe del Grupo de Alto Nivel sobre las amenazas, los desafíos y el cambio: http://www2.ohchr.org/spanish/bodies/hrcouncil/docs/gaA.59.565_Sp.pdf

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