¿Qué está en juego frente a la crisis por Crimea?

 

 

Crimea_Russia

 

Por: Ana Catalina Joya Ibarra, internacionalista de la Universidad del Rosario
El manejo que se le dé a la crisis en Crimea necesariamente tendrá importantes repercusiones que trascienden al ámbito mundial. Tanto las acciones por parte de Rusia en Ucrania como las posibles respuestas de las potencias occidentales impactarán en la esfera económica, política y militar internacional.


Las últimas protestas en Ucrania en contra la administración de Yanukovich y la solución a la reciente inestabilidad política en el país dieron un nuevo giro cuando la salida del presidente electo y la designación de un gobierno interino provocó una no tan inesperada pero riesgosa acción por parte de Moscú: el apoyo a un grupo de fuerzas armadas en Crimea y el bloqueo de los principales edificios gubernamentales y puertos en la península, así como la celebración de un referendo que llevó a la eventual independencia de esta región y su adhesión a Rusia.
Puede que los temores de Rusia frente al nuevo gobierno estuvieran justificados, después de todo de una administración claramente pro-rusa se dio paso a una que quiere distanciarse de ellos y que es altamente nacionalista. Frente a ésta, qué ocurriría con la base militar rusa en Sebastopol era una incógnita, ni qué mencionar del futuro de la población ruso parlante cuando una de las primeras decisiones del gobierno interino fue modificar el estatus de la lengua en el país. No obstante, el apoyar a los grupos armados que se tomaron el control de la península de Crimea o el llevar a cabo la ‘invasión’ a ésta, pues no es aún claro cuál de las dos sucedió o si ambas, no es acorde a varios principios y normas que rigen las relaciones interestatales y como tal expertos, analistas y políticos han advertido sobre el consecuente aislamiento de Rusia. La duda está en si en el pulso contra ésta a raíz de la situación en Crimea lo ganarán las potencias occidentales o el país eslavo y qué se derivará de ello.

Para empezar, no resulta del todo sorprendente lo que sucedió en Ucrania, pues es completamente coherente con los objetivos e intereses que Rusia se ha propuesto desde hace más de una década. En el 2000, el país sacó su nuevo concepto de Seguridad Nacional y en 2009 publicó su estrategia de Seguridad Nacional al 2020. En ambos documentos, Rusia dejaba en claro su intención de volver a posicionarse como una potencial global, de proteger a los nacionales rusos, donde no sólo incluyen a sus ciudadanos sino a poblaciones ruso parlantes en otros países, y de mantener su zona de influencia en Asia Central y Europa del Este.

La guerra en Georgia en 2008 es un antecedente claro para comprender que Rusia no está jugando y que está dispuesta a acarrear los costos y consecuencias de las acciones que emprenda en pro de sus objetivos. En éstos, Ucrania juega un papel de vital importancia. No sólo es un activo geopolítico por su salida al Mar Negro y el paso de los principales gaseoductos hacia Europa, sino que en términos históricos y culturales no hay cómo reunificar a los pueblos eslavos sin ésta. La clara orientación pro-occidental que Kiev solía asumir era una de las grandes preocupaciones de Moscú, quien en Yanukovich tenía un aliado estratégico con el cual ensayar una aproximación suave para hacerse con la influencia sobre Ucrania. Claramente, su salida llevó a Rusia a acudir a métodos no tan diplomáticos para igual lograr su cometido.
Dada la celebración del referendo y la supuesta independencia de Crimea, uno de los principales problemas a hacer frente tiene que ver con la estabilidad en la misma Ucrania. Una secesión por parte de Crimea llevará a una mayor inestabilidad en el país donde las zonas este y sur del mismo también son en buena parte ruso parlantes y pro rusos. ¿Qué garantiza que otras regiones no quieran también unirse a Rusia? Si bien se puede argumentar que tal decisión no sería reconocida por la comunidad internacional, así como ocurrió con los resultados del referendo e independencia, ¿ello impide que ocurra? Lo mismo se dijo de Abjasia y Osetia del Sur en 2008 las cuales si bien no gozan de ningún reconocimiento de facto ya no hacen parte de Georgia, y en Ucrania no sólo se dieron protestas a favor de Rusia en el este del país desde que se anunció que se llevaría a el referendo que decidió el futuro de la península, sino que Rusia ha realizado ‘ejercicios’ militares en ambas fronteras, lo que despierta el temor que su agresión en contra de Ucrania empeore. Adicionalmente, está el hecho que Ucrania está atravesando por un periodo de transición política muy delicado. El nuevo gobierno aún tiene en entredicho su legitimidad y este suceso con Rusia no lo dejará muy bien parado frente a sus nacionales. De no manejarse con cuidado, hasta la misma viabilidad política del país podría estar en juego.

Segundo, en las fronteras con Rusia y Ucrania la incertidumbre y le temor se han hecho presentes en países ex soviéticos de Asia Central y Europa del Este. Es obvio que la respuesta militar frente a Rusia no es una opción para nadie, pero frente al temor por parte de otros países, la única medida tomada al respecto ha sido un refuerzo por parte de la OTAN hacia los Estados bálticos, Bulgaria y Polonia, los cuales están claramente preocupados con los avances de Rusia y sobre la argumentación para los mismos. Éstos cuentan considerables grupos ruso parlantes y temen ser próximos en la lista de Moscú. La dinámica de la crisis sin duda también afectará los presupuestos en seguridad y defensa en algunos de ellos y es casi seguro que el rechazo hacia Rusia aumente.
Una tercera consideración que tiene importantes repercusiones en el ámbito internacional tiene que ver con los esfuerzos en pro del desarme nuclear y la no proliferación. En 1994, Ucrania aceptó deshacerse del arsenal nuclear que había en su territorio con la promesa que su seguridad sería garantizada. Hoy en día, después de ver lo que sucede en Crimea y el apoyo proveniente de Rusia, queda en duda la viabilidad de esto si Kiev no hubiera entregado sus armas nucleares. Lo más probable es que no, pues su posesión constituiría un factor de disuasión lo suficientemente creíble como para mantener a Rusia al margen. Arseniy Yatsenyuk, quien está actuando como Primer Ministro de Ucrania y viajó a Washington la semana pasada, hace pues un justo reclamo a las potencias mundiales que alguna vez se comprometieron a garantizar su seguridad cuando demandaba hasta dónde irán para protegerlos. Ahora, de cara a negociaciones con países como Corea del Norte e incluso los diálogos con Irán sobre su programa nuclear, ¿qué clase de garantías, que sean creíbles, se les pueden ofrecer? Más aún, ¿cómo futuras sanciones sobre Rusia afectarán las negociaciones en estos dos casos?
Cuarto, también relacionado con el punto anterior, es el inevitable deterioro de las relaciones entre Occidente y Rusia y el impacto que esto tendrá en el ámbito internacional. Si se considera que quedó descartada la acción militar, los Estados Unidos y la Unión Europea cuentan con opciones limitadas para reprender a Rusia. Ambos se decidieron por sanciones de tipo político y económico que consisten no sólo en la suspensión de visas para las principales personas involucradas y congelar sus activos en el exterior, sino suspender todo tipo de negociaciones y acercamientos en los ámbitos político, comercial y militar, por ejemplo detener las preparaciones para la próxima reunión del G8 e incluso plantear la expulsión de Rusia de éste. El problema radica en que independientemente de las acciones que adopten, las relaciones entre Rusia y Occidente se verán perturbadas y no es claro qué lado será el más afectado. Impactos inmediatos se podrán ver en situaciones como la crisis en Siria, donde no es posible pensar una solución negociada al conflicto sin la participación directa de Rusia, quien por hoy representa el mayor aliado del régimen de Bashar al-Assad. Al igual que en las negociaciones con Corea e Irán, aislar a Rusia no es una opción pero tensionar las relaciones entre las demás partes negociadoras con éste tampoco ayudará a que estas problemáticas se arreglen.

Por último, queda una consideración de tipo económico. Rusia es el principal proveedor de gas a Europa, siendo Alemania su socio comercial número uno. Frente a cualquier acción en su contra, Rusia podría de hecho amenazar a los países europeos con cortar el suministro de éste, herramienta que ya fue utilizada en ocasiones pasadas. Pero Europa podría también hacerse con otros proveedores, como países de Asia Central, frente a lo cual Rusia puede terminar por considerar nuevos mercados, como el chino. Lo cierto es que, cualquiera que fuese la jugada, llevaría a un posible aumento en los precios del mismo, así como del petróleo, de manera que cualquier sanción económica no sólo va afectar a Rusia, también a la Unión Europea y, por supuesto, a Ucrania; todos los cuales atraviesan por un delicado momento de difícil recuperación económica.
Al considerar la posición que tiene Rusia hoy en día y la serie de problemáticas que necesitan de su participación para poder ser resueltas, es difícil imaginar cómo detener lo acontecido en Ucrania. Las sanciones contra Rusia puede que lleguen a tener algún impacto pero éste no se dará en el corto plazo, en tanto que cualquier acción por parte de Moscú repercutirá casi que de inmediato. No obstante, también es claro que no hacer nada puede acarrear consecuencias igualmente preocupantes en el ámbito internacional.

 

 

 

 

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