El ascenso del ‘sur’ en el actual contexto internacional: ¿re-balance o cambio en el poder estructural de la Sociedad Internacional? – Parte I

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Por NICOLAS CORDOBA PINEDA, miembro de ACEDI-CILSA.

Cordoba.nicolas@hotmail.com, @NicolasCordobaP

El presente ensayo fue escrito en el marco de las lecciones de Relaciones Internacionales de la Maestría en Derecho Internacional y Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid. Su objeto es el análisis del ascenso del “sur” -como concepto geopolítico- en el marco de la teoría del poder estructural planteado por Susan Strange. Por su longitud lo publicaremos en dos entregas: en esta ocasión presentaremos el análisis sobre las estructuras de la seguridad y la producción. El próximo domingo presentaremos el análisis de las estructuras de las finanzas y el conocimiento, junto con la respectiva conclusión.

Resumen

 

El siglo XXI ha sido testigo de la extraordinaria emergencia de algunos Estados (el “sur”) como actores clave de la Sociedad Internacional. Estados que gracias a un impresionante desarrollo económico han despertado incertidumbre sobre su papel en las relaciones internacionales, a la vez que se discute su capacidad para disputar el poder con la hegemonía tradicional (el “norte”). En este escrito se estudiará dicho ascenso a través de los lentes del concepto de estructura internacional propuesto por Susan Strange (estructuras de: seguridad; producción, crédito y finanzas; y, conocimiento) desagregando en cada una de ellas los elementos de análisis que ayuden a determinar el verdadero alcance del ascenso del “sur” en el marco de la Sociedad Internacional.


Desde aquel momento cuando se insinuó que la sociedad internacional estaba marcada por un momento unipolar, para luego extenderlo a toda una “era unipolar”, afirmación que se dio con cierto peso fáctico para el momento histórico dado la hegemonía incuestionable de la Superpotencia norteamericana –la vencedora-, es innegable que las circunstancias de hecho y de derecho han cambiado radicalmente y dicha “unipolaridad” no queda más que como una anécdota aforística (The End of the Unipolar Era, 2005).

El ascenso del “sur” viene marcando las tendencias económicas, políticas, militares, y copa cada día más editoriales en cuanto al papel que estos Estados jugarán en la configuración de un nuevo orden mundial. Ahora bien, no quiere por ello, decir que se esté “usurpado” el poder que los actores tradicionalmente ostentadores del mismo venían ejerciendo, ni que todos los Estados a los que pueda denominarse “sur” o “periferia” lo estén disputando en igual medida.

El primer punto sobre el que habrá que detenerse es aquel de la forma en que dicho ascenso se está gestando, pues no estamos (y cada día estaremos más lejos) de las formas históricas de cambio de mando en la sociedad internacional como lo fue la guerra (Hobsbawm, 2012). Este ascenso, a diferencia de cualquiera que se haya registrado jamás, no sólo tiene la aquiescencia (no siempre sonriente pero necesaria) de quienes se encuentran del otro lado de la balanza del poder, sino que está siendo el resultado de una de las dinámicas que se ha acentuado con más fuerza en el escenario internacional globalizado en el que nos encontramos: la creciente interdependencia (Arenal, 2009)[1]. Es decir, la raíz del ascenso del “sur” es la necesidad misma por parte de quienes ceden el poder de que éste ocurra (y nótese el uso deliberado de la palabra “necesidad”).

Lo segundo que hay que anotar en forma preventiva es que no todos los Estados están en la misma etapa de ascenso. Con el acuñe del término the rise of the rest (Amsden, 2004), se omitió señalar que ese rest no era indicativo de 192 Estados al margen de Estados Unidos y/o el mundo occidental, ni tampoco del cúmulo de Estados que se encuentran en senda ascendente en términos políticos, sociales, económicos, militares, etc. El matiz que habrá de imprimírsele a ese rest, y así se hará en este escrito, es el de que hace referencia a los Estados que tengan no sólo la capacidad de ascender y promover cambios en las estructuras de la Sociedad Internacional sino que tengan la disposición, ese “volo” de tomar las riendas y promover los cambios. Estados que en últimas, como lo plantean Buzan y Weaver (Buzan & Waever, 2003), sean reconocidos por otros como potenciales ostentadores del poder.

Un tercer punto que vale subrayar es el concerniente al papel de los Actores no-estatales (ej. Corporaciones transnacionales, sociedad civil, ONGs, grupos criminales, terrorismo internacional) o para-estatales (Organizaciones Internacionales Intergubernamentales, empresas que prestan sus servicios a Estados ej. Contratistas de defensa) en este ascenso del “sur”. Si bien el alcance de este documento no se extiende hasta analizar el papel de estos Actores como parte del cambio de las estructuras en la Sociedad Internacional, vale la pena destacar desde ya que su influencia ha sido decisiva, principalmente en lo que concierne al arraigamiento de la creciente interdependencia. El papel que han jugado las empresas transnacionales (incluyendo las entidades financieras y de crédito, como veremos en su respectivo aparte) en la consolidación de una nueva forma de pensar y gestionar la estructura del crédito internacional y su impacto en consecuencia sobre la macroeconomía de los estados en los que intervienen ha sido fundamental. Ello, de la mano de los procesos de deslocalización y tercerización productiva (que también se analizará en su respectivo acápite) y que han marcado en forma definitoria el nacimiento de un “sur” en ascenso.

Con lo mencionado en el párrafo que antecede es importante anotar que el énfasis estará dado en el “sur” como Estado(s) con el matiz que se advierte en el segundo punto, no queriendo por ello sugerir que el rol de otros Actores distintos al Estado no sea importante o decisivo. Todo lo contrario, estas líneas habrán de leerse en clave de un proceso de ascenso y cambio en las estructuras de la Sociedad Internacional pluri-subjetivo, pues no es entendible la figura de una estructura sin el anclaje de todas sus piezas (Sanahuja, ¿Un mundo unipolar, multipolar o apolar? El poder estructural y las transformaciones de la sociedad internacional contemporánea , 2008).

Dicho lo anterior es importante destacar, sino lo más importante, que el análisis sobre el cambio estructural de la Sociedad Internacional se hará con base en la propuesta teórico metodológica del poder estructural diseñado por Susan Strange (Strange, 1998), conforme al compás clarificador establecido por el profesor Sanahuja (2008). Es decir, el ascenso del “sur” se analizará conforme a los cambios que estos Estados (no sin ayuda de actores no estatales) han impreso a las estructuras constitutivas del Poder Estructural, es decir: la Seguridad Internacional; la Producción; el Crédito y las Finanzas; y, el Conocimiento[2].

Reservando las especulaciones sobre el devenir de la Sociedad Internacional para los futurólogos y expertos en otras ciencias ocultas, sea pertinente señalar: i) que lo aquí expresado es única y exclusiva responsabilidad del autor (por lo cual de entrada queda excluida cualquier responsabilidad de terceros –incluidos los maestros que han dado vuelo a estas letras por supuesto-); y, ii) el texto busca explicar y analizar una situación que se da como premisa fáctica no una hipótesis. El ascenso del “sur” es una realidad (diverso, Informe sobre Desarrollo Humano 2013: El ascenso del Sur. Progreso humano en un mundo, 2013), lo reconoce el “norte” desde la academia (Dadush & Stancil , 2010) (Aravena, 2013) hasta los encargados de hacer la política (Clinton, 2001).

La metodología de análisis que plantea el escrito es muy sencilla; definir, para cada una de las cuatro estructuras constitutivas, si el papel del “sur” en asenso implica un re-balance del sistema o un cambio del  mismo. Es decir, si el asenso del “sur” propugna por una inserción en la configuración internacional actual pero con un mayor peso relativo o poder de apalancamiento, o si por el contrario estaríamos frente a un cambio en las estructuras (más allá de un re-balanceo) diseñado de conformidad con las lógicas y dinámicas de dicho ascenso.

Precaución: El ascenso del “sur” no implica, y sería imprevisible y altamente improbable que así sucediera, la impavidez o apoplejía del “norte” o de quienes tradicionalmente (a lo menos en cuanto al Siglo XX y comienzos del XXI) han controlado y sentado las pautas en la configuración de la Sociedad Internacional. Como afirmó la entonces Secretaria de Estado Hillary Clinton “rather tan pull back from the world, we need to press forward and renew our leadership”[3] (2001). Con ello sobre la mesa sea importante recalcar que este escrito buscará conservar el debido balance entre lo que se presenta como dos hechos interrelacionados: el ascenso del “sur”(algunos), y el cambio de horizonte de la política exterior del “norte”(algunos).

 

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Armando el desarrollo (la estructura de la seguridad)

 

Lo primero que se analizará es el papel del “sur” en la organización de la seguridad internacional. Como lo indica el profesor Sanahuja “en esta estructura, el poder emana del hecho elemental de que de la provisión de seguridad frente a una amenaza, real o percibida, por parte de un actor o grupo permite, a cambio, obtener ventajas materiales, políticas y/o de estatus. El poder estructural se ubica, en primera instancia, en aquellos actores que están en la posesión de los medios para ejercer el control de la seguridad –sea mediante la amenaza o la disuasión– ante una sociedad, especialmente mediante el uso de la violencia.” (Sanahuja, ¿Un mundo unipolar, multipolar o apolar? El poder estructural y las transformaciones de la sociedad internacional contemporánea , 2008, p. 325) (Subrayas propias).

El “sur”, como conjunto heterogéneo en sus capacidades materiales, valores culturales, diversidad étnica e identidades nacionales, entre otras muchas divergencias[4] presenta un particular desafío a la hora de entender la seguridad (como concepto y como política). La gran mayoría de estos Estados transcurrieron el siglo pasado imbuidos en diversos conflictos de distinta naturaleza (ej. Guerra de Corea, Guerra de Vietnam, Jemeres Rojos, Guerras Civiles de Centroamérica, Guerras de secesión en los Balcanes, Guerra de las Malvinas, conflicto étnico en la independencia y  posterior división de India, Guerra Civil China, sólo por mencionar algunos). Estos conflictos, a la vez que ayudaron a configurar el estado actual de cosas en la Sociedad Internacional, en unos casos afianzando las soberanías populares y en otros gestado el nacimiento de nuevas entidades nacionales y estaduales, son en buena medida la causa de la existencia de ese “sur” en la periferia. Para bien o para mal no todos los Estados tuvieron un plan Marshall al finalizar sus conflictos.

Esta historia de conflictos, que no es mitológica sino todo lo contrario, es en buena medida una de las razones que ayudan a explicar el cómo se ha entendido el dilema de la seguridad en el “sur”. Con enormes costos políticos (en varios casos a causa de dictaduras militares) y económicos (en países que no tenían el músculo financiero para solventar una guerra ni el aparato industrial-bélico necesario para autoabastecerse), los conflictos y la seguridad son todo un universo de estudio en estos Estados.

Ello implica que a la hora de abordar el análisis sobre el papel del “sur” en asenso frente a la estructura de seguridad internacional, habrá que advertir que un posterior análisis caso a caso sería necesario para entender las verdaderas y reales implicaciones de cada uno. Por ejemplo, no es comparable la razón de ser del gasto militar de un Estado como Colombia, frente al gasto militar de Brasil (Database: World Military Expenditure, 2013). Si bien en ambos casos los gastos son cifras importantes ($13.003 y $31.456 millones de dólares americanos –las más altas para américa latina), y a priori podría pensarse que ambos están en medio de la misma lógica armamentista, el solo hecho de que en el primer Estado se esté librando una lucha armada interna de más de medio siglo y en el otro no, apunta claramente a lógicas y entendimientos diferentes de seguridad.

Hecha la cautela casuística es claro que en los últimos años, en general, el mundo ha presenciado un “sur” con cada vez más medios para ejercer el control. Un control que no sólo se da en clave de seguridad doméstica (como el caso Colombiano) sino de un verdadero despliegue de capacidad ofensiva internacional (ej. el Portaviones Liaoning de China, el Sao Paulo de Brasil y el Vikramanditya de India –países que hasta el comienzo de siglo no contaban con esta arma-). El “sur”, si se piensa en términos de seguridad, está en un verdadero asenso de sus capacidades de fuerza bélica relativa: es decir, se plantea como un balancín de los pesos bélicos tradicionales.

Ahora bien, a este innegable ascenso del “sur” en la consecución de medios para ejercer el control habrá que imprimirle un par de matices: i) industria militar; y, ii) otros actores no-estatales.

Si bien este primer matiz, al tratarse de empresas transnacionales, podría entenderse como parte del análisis en el ámbito de los actores no estatales, al ser una industria de altísimo interés y severo control estatal se dejará como un punto aparte.

En el primer caso lo que no cabe duda es que el ascenso del “sur” coincide y depende (todavía) del avance tecnológico-material de la industria armamentista. Industria que salvo contadas excepciones (Sukhoi, Embraer, por mencionar algunas) se encuentra concentrada en el “norte” (ej. Rafael, Lockheed Martin, BAE Systems, Northrop Grumman, Raytheon, Halliburton, General Dynamics, Thales Group, Dassault, Hawker Siddeley, Boeing, Bombardier, entre otros). Con un quid, al tratarse de asuntos militares, ergo, de seguridad nacional para el Estado que “vende”, los controles que se imponen dentro de dichos Estados para la venta legal de armamento son bastante estrictos. Dado  que el “sur” carece de industrias bélicas lo suficientemente desarrolladas, la consecución de medios para ejercer el control no depende exclusivamente de tener los medios económicos o la voluntad política de hacerlo, en buena medida depende también de la disposición y capacidad del proveedor[5].

El segundo caso es el concerniente a otros actores no estatales. Si bien como se advirtió al comienzo no se analizará en profundidad el rol de estos actores dentro de cada estructura si que es importante hacer referencia a ellos en lo que se refiere a la agenda de creación y concertación en relación con la política de seguridad nacional.

A este respecto los actores no estatales ayudan, no siempre en la acepción positiva del término, a avanzar y consolidar dicha política de seguridad nacional. Son las necesidades de defensa que surgen a raíz de organizaciones criminales (de alcance transnacional algunas), terroristas o simple orden público las que moldean las agendas de los Estados en materia de Seguridad. El impresionante gasto militar de los países del golfo pérsico (Database: World Military Expenditure, 2013) no sería explicable sin considerar problemáticas tan latentes en dicha región como los levantamientos populares (caso Bahréin y Yemen por ejemplo), el terrorismo islámico (Al-Qaeda, ISIS) y/o la piratería del Golfo de Adén.

Esta relación entre surgimiento de actores no estatales que amenazan contra la seguridad de los Estados es una dinámica fundamental para entender la ascendencia del “sur” en materia de Seguridad Internacional. Ahora bien, no todos los ascensos (caso a caso se reitera) se debe a este(os) fenómeno(s). El caso Chino es quizá el más paradigmático. Un Estado unipartidista y con hermético control del Comité Central del partido Comunista sobre asuntos de seguridad, que se proyecta como la primera economía del mundo, que ha incrementado su gasto militar en 542% en los últimos 10 años (Database: World Military Expenditure, 2013), con una agenda de internacionalización de su capacidad bélica (no se compran portaviones para apaciguar el Tíbet), y con latentes reclamos territoriales, entre otros, en los “mares de China” (que sobra aclarar está en entredicho si es “de” China) (The Economist, 2013) (The Economist, 2013b). Este proceso de política de seguridad nacional obedece, como se puede deducir de los factores que lo rodean, de otras lógicas ajenas al fundamentalismo islámico o la piratería somalí.

Otro aspecto fundamental del análisis es aquel relativo al impacto que el ascenso del “sur”, en el sentido de la posesión de medios para ejercer el control de la seguridad, sobre las dinámicas de seguridad internacionales.

            La pregunta a plantearse sería ¿hace el ascenso del “sur” más segura a la Sociedad Internacional? ó por el contrario ¿es este asenso un riesgo para la seguridad? De nuevo el alcance de la pregunta, incluso en el ámbito reducido del “sur” como se precisó al inicio, no es análogo a todos casos. Los intereses de cada uno de los Estados del “sur” que están haciendo apuestas en materia de seguridad obedecen a distintas lógicas. Sin embargo es claro que el ascenso, así sea de uno, cuando se da en forma sobresaliente y en clave “balance de poder militar” hace que las preguntas tengan mayor calado.

Es el caso de Asia Pacífico. En un debate en línea realizado por The Economist (2014), el 57% de los encuestados no ve que el ascenso de China en materia de seguridad sea una amenaza para la paz y la estabilidad de Asia Pacífico. Sin embargo, la reacción de los vecinos como Japón, Taiwán[6], India y Corea del Sur ha sido el aumentar a su vez el gasto militar (Freeman & Carina, 2014) (Keck, 2014)  en algunos casos llegando a tensiones tal como el despliegue de tropas en la frontera como sucedió en septiembre pasado entre India y China. Es decir, las respuestas a las preguntas son diversas por lo cual la seguridad internacional ante un ascenso del “sur” no es un tema claro/oscuro.

De hecho la propia Secretaría de Estado estadounidense en su informe anual al Congreso plantea que “the U.S.-China relationship has elements of both cooperation and competition”[7] (2014). En otras palabras, el ascenso de China (como ejemplo pero no como único ejemplo) dentro de la estructura de la seguridad ha de verse como un diálogo permanente entre colaboracionismo y tensión, en unos casos tendiendo hacia el colaboracionismo (como lo reconoce EE.UU.) y en otros a la tensión incluso frente a otros Estados “sur” como Viet Nam o Filipinas (que responde al armamentismo chino con aumento de gasto y cooperación militar con el “norte”) (Freeman & Carina, 2014).

Por lo sentado hasta este punto; i) la dependencia del “sur” a la industria militar del “norte”; ii) la cooperación “norte-sur” en materia de seguridad; iii) la brecha aun importante entre los medios que tiene el “norte” vis á vis el “sur” para ejercer el control de la seguridad internacional, entre otros, nos obliga a entender de un “sur” en ascenso en materia de seguridad internacional pero en clave de re-balance de la estructura y no de cambio de la misma.

Se observa como algunos países del “sur” buscan potenciar sus medios (y otros simplemente reaccionan ante esto) pero para buscar un mayor peso relativo dentro de las estructuras existentes. Todavía no se ha gestado un “pacto de Varsovia sur-sur”, si se permite la licencia del uso de la figura histórica de contrapeso militar a la tradicional alianza Atlántica, que ponga en entredicho, propugne por un cambio trascendental o fuerce a rediseñar la estructura de seguridad internacional todavía ampliamente dominada por el “norte”[8].

Bien sea dicho que algunas nuevas estructuras que incorporan asuntos militares se han creado (caso UNASUR[9]) pero como respuesta a una dinámica regional de concertación y profundización de la integración política, más no podría entenderse como creación de fuerza de choque o entidad antagónica a la estructura de seguridad internacional “norte-céntrica”.

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Un “sur” a todo vapor, ¿o no? (la estructura de la producción)

            La estructura de la Producción está sustentada por “los acuerdos sociales que determinan qué se produce, por quién y para quién, con qué métodos y en qué términos.” Ahora bien, “el cambio fundamental que se observa se refiere a las pautas de producción, que con el impulso de las compañías transnacionales han pasado de estar basadas en los mercados nacionales, a realizarse con la perspectiva del mercado mundial o de mercados regionales ampliados. (…) la cuestión clave radica en la relación entre el poder del Estado, la transnacionalización de la producción, y el cambio tecnológico.” (Sanahuja, 2008, pp. 327-328)

            El análisis sobre este punto se centrará en las “cuestiones claves” antes mencionadas, claro, con un enfoque en los países del “sur”. Se observará primero el poder del Estado como entidad capaz de determinar pautas de conducta y dinámicas de producción propias, en segundo término las compañías transnacionales como nuevos actores fundamentales de esta estructura capaces de superar las barreras físicas y normativas de los Estados donde operan o se encuentran constituidas, y en tercer lugar el cambio tecnológico que está afectando a la estructura de la producción (tanto aquellas innovaciones tecnológicas que son importadas del “norte” como aquellas de creación propia del “sur”).

            Se dejarán de lado las discusiones político-filosóficas sobre el tipo de acuerdo social que se encuentra determinado en los países del “sur” pues se caería necesariamente en una comparación, aunque involuntaria, sobre los valores que tiene cada uno de los pactos sociales en relación con los otros y la efectividad de los distintos modelos de cara a la producción.

 

i) El poder del Estado

            El Estado se define como una entidad política de base territorial que se encuentra conformada por una población, que tiene un orden jurídico propio capaz de determinar sus propias normas, que se encuentra libre de injerencia colonial o alienación extranjera (elemento de independencia), que goza de cierto reconocimiento internacional y que controla los recursos naturales dentro de su territorio (Crawford, 2012). Dicha definición, de amplia aceptación jurídica por lo menos, no puede sino encontrarse en permanente contraste o colisión con las realidades y nuevas dinámicas de la era de la Globalización (Arenal, 2009).

            En términos de la producción, el poder del Estado para aplicar sus normas (efectividad normativa), de controlar los flujos de la población (tendencias migratorias), y de ser el regidor del destino de los recursos naturales (explotación por concesión o privatización de los recursos naturales) está cada vez más en entredicho.

            En cuanto a la capacidad de determinar las pautas de conducta dentro de su territorio los Estados son claramente los tenedores de la legitimidad. La potestad de creación, modificación y derogación de normas, la cristalización de principios rectores, la facultad de determinar quién dicta y quién dice el derecho, y la exclusiva prerrogativa del uso de la fuerza pública para aplicarlo son temas todos incontestables bajo la concepción tradicional del Estado. Ahora bien, que ello sea el último avance teórico-práctico de la Teoría del Estado no puede sino ser una equivocación. El número de actores no estatales que logran evadir, en muchos casos en forma legal, las normas, principios y autoridad coercitiva del Estado es cada vez mayor.

            Si bien los Estados están en su pleno derecho y tienen plenos poderes para determinar, por ejemplo, quién produce qué, cuándo, dónde y bajo qué condiciones, esta soberanía está todos los días en  mayor entredicho. La estructura neo-liberal predominante en la economía no sólo tiende por una mayor desregulación del mercado sino también por una entrega de las riendas económicas que se incline hacia lo privado (Friedman, 2002). Sin entrar en la discusión sobre si dicho modelo es bueno, malo o regular de cara al contrato social, esta tendencia se presenta algo irreversible con economías típicamente estaduales y mercados con férreo control gubernamental pasándose a modelos de libre mercado.

            El poder del Estado para determinar las pautas de conducta de la producción es cada vez menos relevante frente un modelo que propugna por la desregulación y la libre iniciativa. El famoso Doing Business Report del Banco Mundial[10] (entre otros) busca presentar una serie de mediciones cualitativas y cuantitavitas sobre, precisamente, las regulaciones que aumentan la actividad empresarial y aquellas que las constriñen. Es bastante diciente que una Organización Internacional de carácter Intergubernamental aliente la inversión extranjera (objetivo último del reporte) con base en la facilidad para hacer negocios, asociada a la desregulación, que se presenta en los distintos Estados.

            Podría decirse que hoy en día los Estados cuentan con un gran poder en las letras pero un escaso poder sobre las billeteras en cuanto a lo que la producción se refiere. Y eso se aúna a la segunda arista de ese poder que se pasa a explicar: la capacidad de determinar las dinámicas de producción.

            Lejos quedaron los días de la economía planificada (comunitaria o de planificación central) donde el Estado determinaba las dinámicas de producción o el modelo de industrialización por sustitución de importaciones. De hecho, ambos modelos probaron ser insuficientes y limitados frente a problemas como la escases de recursos o decrecimiento de la capacidad productiva –como consecuencia, entre otras, la falta de incentivo- (Yergin & Stanislaw, 2002).

            Las dinámicas y tendencias actuales de producción obedecen a lógicas económicas y comerciales que en muchos casos se acompasan con la filosofía política de algunos Estados (ej. EE.UU.), y en otros no (ej. China[11]). Empero, no serán los Estados en forma exclusiva quienes determinen dichas dinámicas o tendencias. Es incluso más preciso hablar de modelos de producción y comercio transnacionales que estatales, tal y como sucede con el complejo entramado de redes de dependencia económica y comercial mundial muchas veces positivizadas a través de Tratados Comerciales, de Inversión, Cooperación o Profundización económica (Bhagwati, 1995). Aunque las reglas de la producción y el comercio sean escritas por Estados (caso Tratados de Libre Comercio), habrá que preguntarse ¿quién se sienta detrás de éstos en las mesas de negociaciones?

 

ii) Compañías Transnacionales

            En un estudio del 2006 sobre las 100 empresas más grandes (en términos de crecimiento económico) de las Economías de Desarrollo (“sur”)[12], se determinó que el crecimiento de éstas se encontraba íntimamente relacionado con los procesos de globalización. Es más, se presentan seis modelos típicos de globalización de estas empresas, a saber: i) posicionamiento de marcas a nivel global; ii) cambio de ingeniería hacia la innovación global; iii) asumir liderazgo de categoría global; iv) monetarización de los recursos naturales; v) creación de nuevos modelos de negocio frente a múltiples mercados; y, vi) adquisición de recursos naturales (The Boston Consulting Group, 2006).

            Ello implica que las compañías transnacionales de los países del “sur”, tan considerables como CEMEX, Petrobras, Lenovo, Etihad, Falabella, Gazprom, Tata o SABMiller, han encontrado su cénit gracias a una conjunción de dinámicas de globalización más innovación creativa de modelos de inserción en el mercado mundial. Ahora, si bien varias de estas empresas tienen capital público, su gestión está lejos de obedecer a una lógica estadual[13].

            Son entonces actores no estatales quienes sobresalen, cuantitativa y cualitativamente, en la estructura de la producción. Son estos quienes movidos por razones empresariales (utilitaristas) se sitúan más allá del control físico y normativo de los Estados, determinando dónde, cómo, cuánto, a cuánto, cuándo y en qué condiciones se produce. Este tipo de situaciones sitúa a estas compañías incluso lejos del poder tradicional del imperio de los Estados: La tributación.

            Esto último ha dado lugar a que se planteen teorías como la imposición al patrimonio, las herencias, los dividendos no grabados, las utilidades y la propiedad inmobiliaria a escala global para así paliar un poco la práctica empresarial que busca posicionarse fuera de la órbita del control estatal (Piketty, 2014) (particularmente preocupante para países del “sur” que financian sus programas de desarrollo e inclusión social, generalmente, a través del gasto público financiado por los impuestos).

 

iii) Cambios tecnológicos

            El último punto de análisis sobre la estructura de la producción, de conformidad con las “claves” planteadas por Susan Strange, es aquel de los cambios tecnológicos como factor de cambio en las formas de producción. Este factor, difícil de medir o contrastar[14], es decisivo a la hora de entender cómo la tecnología es decisiva a la hora de determinar las capacidades de producción.

            Un punto fundamental para entender hasta qué punto se puede hablar de “cambios tecnológicos” en el “sur” está dado en la explicación de la bonanza de los países emergentes durante los años de la crisis económica mundial. Un análisis serio sostiene que las causas de la bonanza fueron el auge exportador (principalmente de materias primas –en muchos casos intra-“sur”-) y el rápido aumento del crédito e inversión (Sanahuja, 2009). Es decir que las principales razones del éxito (o el no colapso) de las economías, y en consecuencia de su aparato productivo, se debe a la exportación de materias primas (que por definición carecen de cambios tecnológicos al no tener valor añadido) y el acceso al crédito y la inversión lo que usualmente conduce a que se importe la tecnología y no a que se cree.

            Sin embargo, el problema de generalizar al “sur” vuelve a tener sus complicaciones ya que, como en Asia por ejemplo, sí hubo quién aprovechase estos influjos de inversión y capital para mejorar en sus capacidades tecnológicas y así promover un cambio en la producción tradicional (Sanahuja, 2009).

 

            Como resumen de todo lo anterior podría deducirse del ascenso del “sur” a la estructura de la producción que: i) no es un ascenso de base Estatal y además se encuentra lejos del control del mismo; ii) obedece a la inserción de estas economías, y principalmente de las compañías tradicionales asociadas a éstas, en la dinámica de globalización; iii) no tiene una base generalizada de cambio tecnológico que brinde valor añadido a los productos que comercializa; y, iv) es un ascenso que se ha visto beneficiado por las crecientes interdependencias comerciales y económicas propias de la estructura típica o tradicional (lejos del modelo de economía planificada o industrialización por sustitución de importaciones).

            Si bien cada día puede hablarse de una menor dependencia del “sur” hacia el “norte”[15], el papel del “sur” dentro de la estructura de la producción será de re-balance de la misma y no de cambio en esta. Está más orientado a sumarse al engranaje y gozar mayormente  de sus beneficios.

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Notas:

[1] Una afirmación llamativa sobre esta creciente interdependencia la plantea la Ex-Secretaria de Estado de Estados Unidos cuando tratando el tema del ascenso de Asia Pacífico como región “pivote” de primera importancia para Estados Unidos dice “el futuro de Estados Unidos está íntimamente entrelazado con el futuro de Asia-Pacífico” (Traducción libre del autor) (Clinton, 2001).

[2] Si bien Strange reconoce que la estructura del conocimiento no podría entenderse como una de las paredes de esa estructura piramidal de cuatro lados donde cada estructura se sostiene por las otras, sino que habría de considerarse la base de esa pirámide, en este escrito se conservará para el análisis el concepto de la estructura del conocimiento que ayudará a explicar y morigerar parte importante de la tesis del ascenso, reconociendo de entrada todas las salvedades y quejas que pueda hacerse sobre el mismo.

[3] “En vez de retirarnos del mundo, tenemos que presionar hacia delante y renovar nuestro liderazgo” (traducción libre del autor). 

[4] Para ver lo marcadas de estas diferencias entre España  (y Europa en general) y América Latina ver: DEL ARENAL, Celestino. Política Exterior de España y Relaciones con América Latina. Iberoamericanidad, Europeización y Atlantismo en la Política Exterior Española. Fundación Carolina, Siglo XXI. Madrid. 2011

[5] Otro punto importante es el relativo a las diversas y cambiantes situaciones internas en los países del “sur” lo que pone de antemano una delicada situación para las previsiones comerciales y financieras de las industrias armamentísticas (que se verán obligadas a reportar y poner bajo la consideración de entes gubernamentales dichos casos). Tal y como lo informa el reporte anual de 2013 de Lockheed Martin Corporations: “Nuestro negocio internacional es altamente sensible a los cambios en las regulaciones, los entornos políticos, o los riesgos de seguridad que pueden afectar nuestra capacidad de hacer negocios fuera de los EE.UU., incluyendo los relativos a inversiones, compras, impuestos, y la repatriación de las ganancias. Nuestro negocio internacional también puede verse afectado por los cambios en las prioridades de política exterior y los presupuestos del gobierno y puede verse afectado además por las condiciones económicas mundiales y las fluctuaciones en los tipos de cambio de las divisas. Las ventas de productos militares también se ven afectados por los presupuestos de defensa y la política exterior de Estados Unidos. Además, la coordinación de los pedidos de nuestros clientes internacionales puede ser menos predecible que la de nuestros clientes nacionales y puede dar lugar a fluctuaciones en la cantidad reportada cada año para nuestras ventas internacionales.” (Traducción libre del autor) Disponible en: <http://www.lockheedmartin.com/content/dam/lockheed/data/corporate/documents/2013-Annual-Report.pdf&gt;

[6] Para el caso del presente escrito se tomará a la República de China (Taiwán) como Estado independiente al margen de los reconocimientos y reclamos que sobre dicha condición acaezcan. Ello puesto que el análisis frente a la estructura de seguridad, por ejemplo, no sería apropiado si no se considerase como tal. 

[7] “la relación EE.UU.-China tiene elementos tanto de cooperación como de competencia” (Traducción libre del autor)

[8] En este “norte” se incluye por supuesto a Japón, considerado de antaño un país industrializado, pese a que su posesión de capacidades militares ofensivas sea reciente y tenga como clara fuente el asenso de China (BBC, 2013).

[9] El Consejo de Defensa Suramericano, órgano encargado de “implementar políticas de defensa en materia de cooperación militar, acciones humanitarias y operaciones de paz, industria y tecnología de la Defensa, formación y capacitación” en el subcontinente americano, tiene como objetivos: i) consolidar una zona de paz suramericana; ii) la construcción de una visión común en materia de defensa; iii) la articulación de posiciones regionales en foros multilaterales de defensa; iv) la cooperación regional en defensa; y, v) el apoyo de acciones de desminado, prevención, mitigación y asistencia a víctimas de desastres naturales. Más en: http://www.unasur.org

[10] Para ver el World Bank Group. Doing Business Report 2015: Going Beyond Efficiency. World Bank Publishing. Washington DC. 2014. ir a: http://www.doingbusiness.org/reports

[11] Aunque la Constitución Política de la República Popular China establezca que “se ha consumado la transformación socialista de la propiedad privada sobre los medios de producción, se ha abolido el sistema de explotación del hombre por el hombre y ha quedado definitivamente implantado el sistema socialista”, es claro que modelo comercial obedece más a una lógica de libre mercado que de implantación y profundización del sistema socialista.

[12] Una actualización a 2013 de dichas empresas se encuentra en la página: https://www.bcgperspectives.com/content/articles/globalization_growth_introducing_the_2013_bcg_global_challengers/ Datos importantes son la inclusión de 10 nuevas economías (Países) en comparación con 2006 y el descenso de la representatividad de los BRIC (de 84 a 69 empresas sobre el total de 100) en relación con la medición a 2011 –lo cual es atribuible a una exportación exitosa de los modelos de globalización de estas empresas a otros países del “sur”-.

[13] Para ampliar el tema con una perspectiva latinoamericana ver: CASANOVA, Lourdes. Global Latinas: Latin America’s Emerging Multinationals: The new Latin American Jaguars. Palgrave Macmillan. 2009.

[14] Podría pensarse en una comparación de la cantidad de patentes en los distintos países pero ello traería problemas de doble registro, licenciamiento, o derechos de autor (patentes que se crean y registran en países en desarrollo pero que son financiadas por economías desarrolladas). Otras posibilidades son la comparación de la brecha digital pero ello se limita al acceso a internet, y son escasos los datos en relación con el conocimiento, uso, enseñanza, y construcción de capacidades alrededor de dicho acceso. Además, dado el sistema de medición por direcciones IP no es fácil medir la cantidad real de personas que acceden a la red (una persona puede tener más de un IP –ej. Pc y celular- mientras varias pueden tener un único IP –Caso Corea del Norte o Cuba donde el acceso a computadores e internet está restringido-.)

[15] El más reciente informe de la OMC afirma que “Aunque las Cadenas Globales de Valor (CGV -por sus siglas en inglés-) han sido generalmente consideradas como una relación entre los países desarrollados (el Norte) y los países en desarrollo (el Sur), los datos muestran que los países en desarrollo están participando en más comercio GVC entre sí. Mientras que el comercio basado en GVC Norte-Sur se ha mantenido estable, la participación en el comercio de partes y componentes entre los países en desarrollo aumentó de alrededor del 6 por ciento del comercio total en 1988 a casi el 25 por ciento en 2013.” (Traducción libre del autor) WTO, World Trade Report 2014: trade and development: recent trends and the role of the WTO. World Trade Organization Publishing, 2014.

 

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